La primera defensa frente a los agentes externos es nuestra piel. Se podría ver como un escudo protector. La piel atópica o atopía es una alteración en la función barrera de la misma. La capa más externa está formada por la microbiota cutánea o flora saprófita. Son unos microorganismos beneficiosos que impiden el desarrollo de otros patógenos que provocan diferentes infecciones en la piel. También encontramos el manto hidrolipídico en la capa externa de la piel que impide la evaporación del agua y mantiene la hidratación adecuada.


- Mantener siempre limpias y cortas la uñas para evitar el rascado agresivo y posibles infecciones.
- Mejor bañarse que ducharse ya que así aumentamos la hidratación y facilitamos la penetración de los tratamientos en la piel además de reducir el estrés.
- Utilizar jabones suaves o syndets (sin detergentes) que no resequen la piel. Sin perfumes con pH neutro y sobreengrasantes para restaurar la barrera cutánea.
- No usar manoplas ni esponjas de baño evitando la fricción sobre la piel.
- El secado muy suave sin frotar con la toalla.
- Mantener la piel buen hidratada con productos específicos. Realizar un masaje añade un acto beneficioso para el bebé o niño que le ayuda a relajarse. Ideal antes de dormir.
- Evitar los tejidos sintéticos o lanas ya que aumentan la temperatura corporal y favorecen el picor. Mejor prendas de algodón o lino que facilitan la transpiración.
- En el hogar conviene evitarlos cambios bruscos de temperatura.
- En verano puede bañarse en piscinas o el mar aunque mejor no hacerlo durante los brotes. Los desinfectantes de las piscinas pueden aumentar el picor. Usar crema solar indicada para pieles atópicas.
- Gel de baño syndet. Limpian la piel sin alterar el equilibrio cutáneo. Algunos jabones normales contienen detergentes que pueden arrastrar el manto lipídico y dejar la piel más expuesta a agresiones.
- Hidratación corporal. Calma el picor y reduce la sensación de sequedad, picor e irritación. Estos 2 productos son fundamentales. Son el tratamiento de base para prevenir los brotes y retrasar la aparición de los mismos.
- Hidratación facial. El frío agrede la piel de la cara y la zona de las mejillas es muy sensible. Aporta suavidad, confort y protección solar (lo más habitual es protección SPF 20) frente a las agresiones externas.
- Cremas coadyuvantes durante los brotes. Se combinan con las cremas de tratamiento a base de corticoides que prescribe el médico. Permiten recuperarse antes y emplear menor dosis de cortisona reduciendo los efectos no deseados. En brotes leves pueden ser suficiente por ellas mismas sin necesidad de recurrir a corticoides.
